La importancia del lenguaje al referirse a personas con discapacidad. Porque la forma en que nos expresamos refleja respeto y dignidad.
Rosalía Mejía Rosasco
Mediante Ley 32188, publicada el 11 de diciembre de 2024 fueron modificados los artículos 7 y 23 de la Constitución Política del Perú para reemplazar la expresión “persona incapacitada para velar por sí misma a causa de una deficiecia física o mental” e “impedido” por el término de “persona con discapacidad”.
Estoy segura que este importante cambio en el texto de los artículos de la Constitución que se refieren a las personas con Discapacidad, ha pasado por desapercibido para muchos, hace falta entender la motivación y las consecuencias de este importante cambio en la redacción de la Constitución Política del Estado cuyo texto original era de 1993 y ha tenido que adecuarse a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad ratificada por el Perú desde el año 2008.
A continución formulo algunas reflexiones sobre el por qué y que consecuencias tiene.
La manera en que hablamos sobre las personas con discapacidad tiene un impacto profundo en la percepción social y en la inclusión. No es lo mismo decir «persona discapacitada» que «persona con discapacidad». Aunque pueda parecer una diferencia menor, el lenguaje que utilizamos transmite valores y puede contribuir a la discriminación o, por el contrario, a la igualdad.
– ¿Por qué importa cómo nos referimos?
El término «persona discapacitada» es considerado discriminatorio porque define a la persona únicamente por su deficiencia, colocándola en una posición de desventaja y reduciendo su identidad a una sola característica. Esta forma de expresión invisibiliza al individuo y refuerza estereotipos negativos.
Por el contrario, «persona con discapacidad» pone en primer lugar a la persona, reconociendo que la discapacidad es solo una de sus muchas características. Esta forma de hablar es respetuosa y promueve la dignidad, ya que antepone la humanidad de la persona antes que su condición.
Lenguaje inclusivo: una responsabilidad compartida
Adoptar un lenguaje inclusivo no solo beneficia a quienes viven con alguna discapacidad, sino que también contribuye a construir una sociedad más equitativa y empática. Elegir las palabras adecuadas demuestra conciencia social y respeto por la diversidad.
- Persona con discapacidad: Expresión adecuada y respetuosa que reconoce la individualidad.
- Persona discapacitada: Expresión desaconsejada por su carga discriminatoria.
- Lenguaje centrado en la persona: Prioriza a la persona antes que su condición.
Conclusión
El lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino también un reflejo de nuestros valores y actitudes. Al elegir expresiones como «persona con discapacidad», promovemos el respeto, la inclusión y la igualdad de oportunidades para todas las personas. Recordemos que nuestras palabras tienen poder: usemos ese poder para construir una sociedad más justa y respetuosa.